La simbología de los cuentos de hadas

La simbología de los cuentos de hadas

Hoy día encontramos mucho rechazo hacia el cuento clásico de hadas, al cual se le tilda de cruel, sexista, antiecológico y anticuado. Sin embargo, cuando ahondamos en las imágenes, comprendiendo su simbolismo más allá de la capa externa, vislumbramos un lenguaje lleno de sabiduría que trasciende el tiempo y sus clichés.

Los cuentos de hadas narran en imágenes simbólicas el desarrollo de la humanidad, así como el del propio individuo. Exponen metafóricamente las pruebas de la vida y sus diferentes facetas. Los animales, por ejemplo, en los cuentos, representan nuestras emociones, instintos y pasiones. La vida emocional es un como un gran zoológico donde poder ver representadas la astucia y la codicia del zorro, la ferocidad del lobo, el poder salvaje del león, la fidelidad del perro, la pereza del gato, la visión del águila, la fuerza visceral e instintiva del toro, la paciencia de la vaca o la inocencia y curiosidad infantil de la cabra.

En muchos cuentos, véase en Caperucita roja, se mata al lobo. Si en vez de juzgar este hecho como un acto antiecológico o cruel vemos más allá, comprenderemos que se trata de superar en nosotros la ferocidad y el instinto animal de la pura supervivencia. En Las tres naranjas, el joven echa una hogaza de pan al león, y éste se amansa como un perrito, lo cual trata de mostrarnos que hay una forma de domesticar lo salvaje.

Cada animal representa una cualidad, ya sea positiva o negativa. En el animal, lo emocional aparece de manera unilateral y es lo que guía sus acciones. El animal “es” sus pasiones e instintos. Nosotros, dotados además de un Yo, de una individualidad, poseemos un poco de cada animal, pero nuestra misión es tener nuestra animalidad sujeta y dominada por el impulso superior de nuestro Yo. Está bien sacarla y verla, pero también darse cuenta de que somos más que eso.

En los cuentos, el yo suele estar representado por el príncipe. Él será el que libere de sus ataduras a la princesa, la cual, a su vez, refleja la vida anímica y emocional. El príncipe la rescata del dragón, quien pone de manifiesto el desenfreno en el ámbito volitivo, los bajos instintos y la ausencia de las fuerzas del corazón. Lo mismo hace con la bruja, pura cabeza e intelecto frío, sin corazón. Pero también, como en el Rey Rana, la princesa, en este caso portadora de lo femenino y del amor incondicional, es la que libera al príncipe encantado, es decir, al Yo, de su vestimenta inferior.

También vemos que el príncipe, al igual que ocurre en la vida, tiene que superar varias pruebas, como, por ejemplo, verse ante la disyuntiva de escoger entre dos caminos diferentes. Pero nunca está solo; siempre aparece un sabio, un duende, o una viejita quienes, gracias a un acto de generosidad y bondad del príncipe, ofrecen su ayuda al caballero, proporcionándole consejo o algún elemento decisivo para poder llevar a cabo su misión. Aquí vemos como el Yo supera lo instintivo gracias a las fuerzas del corazón.

El clásico final con la boda del príncipe y la princesa simboliza la unión entre el Yo y el cuerpo astral, entre el espíritu y el alma, la individualidad y las emociones, el impulso superior de la vida y los impulsos viscerales. A veces, es el príncipe el que libera a la princesa, y otras, es ella la encargada de liberar al príncipe hechizado. El alma libera al Yo y rompe el hechizo para que surja el Yo verdadero. En ambos casos, la boda unifica la parte superior con la inferior a través del corazón. Su misión es aunar todas las partes de uno mismo, una vez superados y amados los lados oscuros, o lo que es lo mismo: dar luz a la sombra e integrarla, para que pueda emerger el verdadero Yo.

 

Aunque no entremos en detalles de interpretación [2], recordemos que nada es literal, que todo es simbólico; por ejemplo, la madrasta o el hijo menor tonto. Así también es como lo comprenden los niños al escuchar narrar el cuento con expresividad, pero libres de todo dramatismo [3].

En cualquier caso, lo mejor es contar solo aquellos que nos gusten y que nos resuenen, antes que pretender arreglar o modificar los que no apreciemos. Y, cuando los estemos narrando, permanecer muy conscientes de que todo tiene su significado: el malo es malo y el bueno es bueno; las buenas acciones son recompensadas y las malas castigadas. No hace falta ni se debe agregar ninguna moralina extra a estas imágenes, pero tampoco es recomendable minimizarlas haciendo que la bruja no sea tan mala o que el lobo se muera.

El lenguaje de los cuentos es un lenguaje onírico, no racional, que penetra profundamente en el niño nutriendo y alimentando su alma. Confiemos, pues, en la sabiduría ancestral. Retiremos nuestros prejuicios y ofrezcamos a nuestros niños estos cuentos que todavía contienen la pureza de las imágenes recibidas por la humanidad en una época en la que aún tenían acceso al mundo espiritual. Aunque no creamos en nada, os invito a permitir a vuestros niños, mucho más conectados que nosotros al mundo espiritual, a que escojan de los cuentos el alimento anímico que necesiten. Este alimento permanecerá en su corazón como una semilla y aunque en el momento no puedan comprenderlo de manera consciente, esas imágenes brotarán desde el subconsciente cuando de adultos las necesiten. La amplitud y claridad contenida en las imágenes del cuento, les dará la libertad de entender lo que tengan que entender, de interpretar lo que necesiten interpretar y de encontrar su mensaje individual dentro del mensaje universal.

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Autor: Tamara Chubarovsky, Cuentos para ver, oír y sentir, Tomo II. 2017

[1] Bildsprache del Märchen, Friedel Lenz (Verlag Urachhaus, parcialmente traducido por Juan Berlín para los Cuadernos de Pedagogía de México) y El niño y los cuentos, Udo de Haes (Editorial R. Steiner).

[2] Friedel Lenz expone al final de su libro un extenso y completísimo listado con la simbología de los diversos paisajes (montañas, ríos, mares, pueblo…), profesiones (leñador, campesino, pastor, guerrero y también la hija del molinera, la hija del…), tipos de árboles, tipos de plantas, tipos de flores, las diversas especies de animales, pájaros y peces, lugares (castillo, casa, cueva…), edades (niña, doncella, mujer, anciana…), significados del 3, del 7, del 12 etc. Este valioso material sirve también para interpretar los dibujos infantiles, ya que el mundo onírico pictórico del cuento y del niño preescolar son similares.

[3] En el tomo I de Cuentos para ver, oír y sentir, se explica detalladamente la diferencia entre una narración dramatizada exageradamente y una narración expresiva, pero neutral.

 

Logopeda holística, especialista en desarrollo personal a través de la voz y desarrollo sensomotor y del lenguaje en niños.

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